Estrés y burnoutPara uno mismo55 min de lectura

Afrontar el cáncer: las emociones, el miedo a la recaída, los allegados

Tener miedo, estar triste o enfadado tras el diagnóstico de un cáncer no tiene nada de anormal, y su estado de ánimo no decide la evolución de la enfermedad. Esta guía ayuda a distinguir el malestar esperable de una depresión o de un trastorno de ansiedad, y propone después un método paso a paso contra lo que más pesa: la fatiga, las noches, la espera de las pruebas, el miedo a que el cáncer vuelva, el cuerpo cambiado, el silencio en la familia. Explica también lo que ayuda cuando la enfermedad avanza, y cómo pueden aguantar los allegados.


Dr. Zayan Al-Falasi, médico psiquiatra

En resumen

Esta guía se dirige a las personas con cáncer, a las que han terminado sus tratamientos y a sus allegados. Explica lo que la enfermedad le hace a la vida psíquica en cada una de sus etapas, desde el diagnóstico hasta el después del cáncer y la enfermedad que avanza, y lo que la investigación ha establecido sobre las ayudas que funcionan. Propone después un método en ocho etapas, con ejercicios para hacer desde esta misma semana, y dice con claridad cuándo y a quién acudir, en particular si aparecen ideas de muerte.

Temática
Estrés y burnout · Depresión y estado de ánimo · Duelo
Para quién
Para uno mismo
Idiomas
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El programa

Esta guía es un contenido de psicoeducación. No sustituye a una consulta. Si piensa en quitarse la vida, o si desea que todo se acabe o que su muerte se adelante, dígalo ese mismo día a su equipo sanitario, a su médico o a una línea de prevención del suicidio; en caso de peligro inmediato, llame a los servicios de urgencias de su país (vea la sección 18). Si una persona enferma se vuelve de repente confusa, ya no se orienta, dice cosas incoherentes, está adormilada o agitada de un modo inhabitual, avise a su médico ese mismo día: este cambio tiene a menudo una causa médica que se trata, como un medicamento mal tolerado o una falta de líquidos (vea la sección 21). Las señales físicas por las que su equipo le ha pedido que llame sin esperar pasan por delante de cualquier lectura. No modifique nunca por su cuenta un tratamiento prescrito. Calcule cincuenta y cinco minutos de lectura.

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1. Antes de empezar

El médico pronunció la palabra, y usted apenas oyó nada de lo que vino después. En el aparcamiento del hospital, se quedó mucho rato sentado en el coche, con el tique del aparcamiento en la mano, sin arrancar. Por la noche hubo que decirles algo a los niños, y usted les dijo que todo iba bien.

O quizá fue hace dos años. Los tratamientos han terminado, todo el mundo le dice que ha tenido suerte, y es verdad. Pero el escáner de control es el jueves. Desde el domingo duerme mal, se palpa la cicatriz cada mañana y relee sus antiguos informes médicos.

Quizá lea esta guía por otra persona: una compañera que ya no habla de la enfermedad, un padre que adelgaza y repite que está bien, una amiga que ya no contesta a los mensajes.

Tres cosas, de entrada.

Tener miedo, estar triste o enfadado tras el diagnóstico de un cáncer no es una enfermedad. Es la respuesta esperable ante una amenaza real, y las recomendaciones estadounidenses sobre el malestar emocional en oncología sitúan la tristeza y el miedo entre las reacciones normales. Lo que requiere ayuda es un malestar que se estanca, que invade los días o que impide vivir. Ese sí se trata.

Su estado de ánimo no decide la evolución de su cáncer. Una revisión, es decir, una síntesis, de los estudios que siguieron a personas enfermas durante años no encontró pruebas constantes de que el «espíritu de lucha» prolongue la vida, ni de que el desánimo favorezca la recaída, y sus autores concluyen que nadie debería sentirse obligado a adoptar una actitud para vivir más tiempo. Usted tiene derecho a tener miedo, y a decirlo.

En cada etapa hay ayudas que han demostrado su eficacia. Contra la fatiga, contra el insomnio, contra el miedo a que el cáncer vuelva, contra el malestar cuando la enfermedad avanza, y para los allegados, se han evaluado métodos mediante ensayos, es decir, estudios que comparan grupos formados por sorteo. Esta guía los describe, y le propone empezar por lo que puede hacer desde esta misma semana.

2. Lo que atraviesa una persona con cáncer

El cáncer no es un acontecimiento, sino una sucesión de etapas: el diagnóstico, las pruebas, los tratamientos, el después, a veces la recaída. En cada etapa, el malestar tiene varias fuentes.

Los especialistas hablan de malestar emocional, o distrés, más que de trastornos psicológicos. Las recomendaciones estadounidenses lo definen como una experiencia penosa, psicológica, social, espiritual o física, que dificulta la capacidad de hacer frente al cáncer, a sus síntomas y a sus tratamientos. Prefieren este término porque pone menos etiquetas que «psiquiátrico»: no le convierte en un enfermo mental, solo dice que es duro.

Lo que pesa no siempre es lo que uno cree. En un gran estudio alemán realizado con más de 3 700 personas con cáncer, una de cada dos tenía un nivel de malestar elevado, y los problemas más citados no eran en primer lugar emocionales: la fatiga iba a la cabeza, por delante de los trastornos del sueño y de las dificultades para desplazarse. Los problemas concretos también cuentan, como los trayectos, el dinero que falta o el cuidado de los niños los días de tratamiento: las recomendaciones estadounidenses los incluyen en la lista de problemas que conviene señalar, y usted puede hablar de ellos sin esperar a que se lo pregunten. A ello se suman la incertidumbre, el cuerpo cambiado, las relaciones y las preguntas sobre el sentido: «¿por qué yo?», «¿para qué?».

Puede que su equipo le proponga puntuar de 0 a 10 su malestar de la última semana, en una escala llamada termómetro de distrés, y marcar los problemas de una lista. Según las recomendaciones estadounidenses, una puntuación de 4 o más indica un malestar moderado o intenso: un miembro del equipo revisa entonces con usted lo que le pesa y, si hace falta, le orienta hacia un psicólogo, un psiquiatra, una trabajadora social o un capellán. Este umbral sirve para detectar, no para diagnosticar, y usted puede hablar de lo que le pesa sea cual sea su puntuación. Responda con franqueza.


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Lo que contiene el resto

  • 3. Malestar esperable, depresión, ansiedad: establecer la diferencia
  • 4. Las etapas de la enfermedad
  • 5. Lo que mantiene el malestar
  • 6. Lo que dice la investigación, y lo que no establece
  • 7. Etapa 1: hacer balance
  • 8. Etapa 2: un problema a la vez
  • 9. Etapa 3: la fatiga y la energía
  • 10. Etapa 4: el sueño
  • 11. Etapa 5: la preocupación y la espera de las pruebas
  • 12. Etapa 6: el miedo a la recaída
  • 13. Etapa 7: el cuerpo, la imagen de uno mismo y la sexualidad
  • 14. Etapa 8: la pareja y el entorno
  • 15. Hablar con los hijos
  • 16. La vuelta al trabajo
  • 17. Cuando la enfermedad avanza
  • 18. El deseo de morir y las ideas suicidas
  • 19. Para los allegados cuidadores
  • 20. Los medicamentos y las medicinas complementarias
  • 21. Las situaciones particulares
  • 22. Cuándo consultar, y a quién
  • 23. Seis semanas, paso a paso
  • 24. Preguntas frecuentes
  • 25. Para recordar
  • 26. Fuentes y fundamentos

Preguntas frecuentes

¿Hay que mantenerse positivo para curarse? No. Los estudios no muestran que el espíritu de lucha prolongue la vida, ni que el desánimo favorezca la recaída. El desánimo se trata porque pesa sobre su vida, no porque amenace su curación.

¿Cómo saber si es una depresión, y no solo el cansancio de los tratamientos? Fíjese en los signos psicológicos más que en los físicos: la pérdida de todo placer, la sensación de no valer nada o de ser culpable, la desesperanza, las ideas de muerte. Si están presentes casi todos los días desde hace más de dos semanas, hable de ello con su médico. Una depresión en una persona enferma se trata.

Mis pruebas salen bien. ¿Por qué sigo teniendo tanto miedo? Porque el miedo a la recaída es muy frecuente después de un cáncer, y un buen resultado no garantiza el futuro. Se convierte en un problema cuando ocupa sus días y le impide hacer planes, y entonces se puede trabajar, como describe la sección 12.

Los tratamientos terminaron hace meses, y sigo agotado. ¿Es normal? Es frecuente, y no es pereza. Hable primero con su médico, para buscar una causa que tenga tratamiento. La actividad física adaptada y algunas terapias centradas en la fatiga han demostrado su eficacia después del final de los tratamientos.

¿Qué les digo a mis hijos? Palabras sencillas y verdaderas, adaptadas a su edad: el nombre de la enfermedad, lo que va a cambiar para ellos, y que no es culpa de nadie. La sección 15 explica cómo hacerlo.

Mi pareja nunca habla de la enfermedad. ¿Qué hago? Quizá se calla para protegerle. Proponga una conversación en la que cada uno hable de sí mismo, sin intentar tranquilizar ni resolver (sección 14). Si se niega, respételo, y busque a otra persona con quien hablar.

Ver a un psicólogo, ¿significa que no estoy sabiendo afrontarlo? No. Consultar sirve cuando el malestar se estanca o impide vivir, y las ayudas son tanto más útiles cuanto más intenso es el malestar. Es una forma de afrontar, no una confesión de fracaso.

A veces deseo que todo se acabe. ¿Debo decirlo? Sí, ese mismo día, a su equipo o a su médico. Este deseo es una reacción a un sufrimiento, y lo que lo alimenta, como una depresión, la desesperanza o un dolor mal aliviado, a menudo puede tratarse. También puede contener ideas suicidas, que no siempre se pueden distinguir de él. Hablar de ello no hace daño.

Los cuidados paliativos, ¿quieren decir que es el final? No. Buscan aliviar los síntomas y el sufrimiento, y pueden empezar pronto, junto a los tratamientos del cáncer, con beneficios para la calidad de vida y el estado de ánimo (sección 17).

Soy el allegado. ¿Cómo ayudar sin agotarme? Ofreciendo una ayuda concreta y con fecha, escuchando sin corregir, y guardándose un momento para usted cada semana. Las ayudas destinadas a los allegados reducen la sensación de carga: pedir apoyo forma parte de la ayuda que usted presta.

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