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Trastornos de la personalidadPara profesionales75 min de lectura

Personalidad esquizoide: manual del terapeuta

Un protocolo de dieciséis sesiones clave, dentro de un tratamiento de alrededor de un año, para el adulto cuya vida se organiza en torno al desapego de las relaciones y la reserva emocional. Primero una alianza que respeta la distancia que el paciente elige, y objetivos que nunca buscan la sociabilidad por sí misma. Después el mapa de contactos, la diferencia entre soledad elegida y aislamiento padecido, el reconocimiento de las emociones y de las señales del cuerpo, una activación basada en sus propios valores y las exigencias sociales del trabajo. A continuación una red útil, vínculos a la distancia adecuada, la presión del entorno y las transiciones de la edad. La detección de una depresión silenciosa, el diagnóstico diferencial con el autismo y la evitación, un nivel de evidencia expuesto con honestidad, y las referencias.

En resumen

Este manual está dirigido a profesionales de la salud mental formados en terapia cognitivo-conductual y en el trabajo con los trastornos de la personalidad. Trata la personalidad esquizoide del adulto: un desapego duradero de las relaciones, una marcada preferencia por las actividades solitarias y una expresión emocional restringida. Estos pacientes rara vez consultan por ella. Vienen porque un empleador exige trabajo en equipo, porque una familia se preocupa, porque una depresión se ha instalado sin hacer ruido, o porque la persona que aseguraba el único vínculo con el mundo acaba de desaparecer. Todo el programa descansa sobre una precaución: la soledad no es un síntoma que corregir, y un terapeuta que empuja hacia el vínculo reproduce aquello de lo que el paciente huye. Se trabaja, pues, lo que cuesta realmente — un estado de ánimo, una exigencia, un aislamiento padecido, unas necesidades que no se saben reconocer — a la distancia que el paciente elige. El manual concede un lugar central al diagnóstico diferencial con el autismo y con la personalidad evitativa, y dice lo que no sabe: ningún ensayo ha estudiado este trastorno, cuya validez misma como categoría se discute.

Temática
Trastornos de la personalidad
Para quién
Para profesionales
Idiomas
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El programa

Este programa es un manual de tratamiento destinado a profesionales de la salud mental. Presupone una formación clínica, experiencia con los trastornos de la personalidad y un marco de supervisión. No sustituye ni su juicio clínico ni su responsabilidad deontológica. Los criterios diagnósticos se reformulan aquí con nuestras propias palabras y nunca se reproducen. Dos advertencias propias de esta indicación. Una preferencia por la soledad no es en sí misma un trastorno: este manual solo se aplica a un funcionamiento que causa sufrimiento o repercusión, y nunca busca la sociabilidad por sí misma. Y el nivel de evidencia es casi inexistente: ningún ensayo controlado ha estudiado este trastorno, como expone sin rodeos la sección 11.

1. El programa de un vistazo

Indicación. Personalidad esquizoide en el adulto, en régimen ambulatorio, con un sufrimiento o una repercusión que el paciente reconoce, tras descartar un trastorno del espectro autista y un trastorno psicótico.

Modelo de referencia. Una terapia cognitivo-conductual adaptada a los trastornos de la personalidad, centrada en los costes del desapego tal como el paciente los define, enriquecida con tres préstamos: la activación conductual basada en los valores, el trabajo sobre el reconocimiento de las emociones y una atención particular a la alianza y a la distancia.

Formato. Un tratamiento de alrededor de un año, es decir, entre treinta y cuarenta sesiones; este manual describe dieciséis sesiones clave, organizadas en cinco fases, con los puntos de extensión indicados. Sesiones de 45 a 50 minutos, semanales o cada quince días según lo que el paciente tolere. Se acepta la comunicación escrita entre sesiones si ayuda.

Mecanismo diana. Reducir lo que cuesta el desapego sin tocar lo que protege: tratar la depresión que se instala en la retirada, hacer soportables las exigencias sociales inevitables, aprender a reconocer las propias necesidades y emociones, construir una red útil para las necesidades prácticas y permitir que el paciente decida libremente el lugar que quiere dar a los demás.

Fase Sesión Objeto Resultado de la sesión
I. Alianza 1 Encontrarse sin invadir Motivo formulado, distancia respetada
2 Lo que quiero cambiar y lo que conservo Objetivos elegidos, lo que no se toca por escrito
3 Evaluar Autismo y psicosis descartados o derivados, estado de ánimo y riesgo evaluados
II. Comprender 4 El mapa de contactos Contactos enumerados con su coste y su aporte
5 Soledad elegida, aislamiento padecido Dos columnas diferenciadas
6 Reconocer lo que se siente Un registro cuerpo-emoción llevado
III. Actuar sobre lo que cuesta 7 Una activación según los propios valores Tres actividades elegidas y planificadas
8 Las exigencias sociales del trabajo Dos guiones preparados y probados
9 Pedir y rechazar Una petición y un rechazo formulados
10 Balance intermedio Medidas repetidas, plan revisado
IV. Vínculos elegidos 11 La red útil Tres contactos prácticos identificados
12 Un vínculo a la distancia adecuada Un contacto elegido, con una intensidad elegida
13 La presión del entorno Una postura escrita para la familia
V. Consolidar 14 Lo que hay debajo Creencias e historia relacionadas, si el paciente lo desea
15 Las transiciones venideras Plan para una pérdida, la salud, la edad
16 Balance, recaída, continuidad Plan escrito, medidas repetidas

Lo que distingue este programa de los demás manuales de este sitio. Tres cosas. Un tratamiento cuyo objetivo explícito no es el síntoma más visible. Un terapeuta que mide su éxito por lo que no impone. Y una categoría diagnóstica que el manual reconoce como discutida.

2. Antes de empezar

A quién va dirigido este programa

A psicólogos, psiquiatras y psicoterapeutas que conocen la terapia cognitivo-conductual, que tienen experiencia en los trastornos de la personalidad y en el autismo del adulto, y que pueden apoyarse en una supervisión. Estos tratamientos ponen a prueba la paciencia del terapeuta de una manera particular: poca retroalimentación, poca emoción visible, pocas señales de alianza. Hace falta un lugar donde hablar de lo que eso produce.

Las cuatro decisiones previas

1. ¿Se trata de un trastorno del espectro autista? El solapamiento es considerable, y la historia del desarrollo decide. Sección 7.

2. ¿Se trata de una evitación ansiosa? ¿Desea el paciente relaciones que teme, o no siente el deseo de tenerlas? Sección 7.

3. ¿Hay una depresión y un riesgo suicida? En un paciente que expresa poco, hay que buscarlos activamente. Sección 9.

4. ¿Qué pide el paciente, y quién pide? A menudo otra persona: un empleador, un progenitor, una pareja. La demanda propia del paciente, si la tiene, es la única sobre la que se puede trabajar.

Lo que este programa no trata

El trastorno del espectro autista, que requiere una evaluación especializada y acompañamientos específicos, aunque algunas herramientas de este manual puedan servir.

La esquizofrenia y sus síntomas negativos, y los estados prodrómicos.

La personalidad esquizotípica, que tiene su propio manual.

La retirada social de una depresión sin trastorno de la personalidad, que corresponde al tratamiento de la depresión.

Lo que este programa no es

No es un programa de socialización. No es un entrenamiento para volverse cálido. Tampoco es una terapia que considere que el paciente reprime un deseo de vínculo que habría que liberar. En algunos pacientes ese deseo existe; en otros no, y el tratamiento debe funcionar en ambos casos.

Cómo utilizarlo

Lea primero las secciones 3 a 14: fundamentan las decisiones de las sesiones. Las sesiones descritas son sesiones clave, no un programa cronometrado; cada una puede ocupar dos o tres, y las fases IV y V son opcionales para los pacientes que no las piden. Las secciones 31 a 36 desarrollan lo que las sesiones anuncian. La sección 39 dice lo que no hay que soltar.

3. El cuadro clínico

Lo que define el trastorno

Un desapego duradero de las relaciones sociales y una gama restringida de expresión emocional en los intercambios con los demás, instaurados desde el comienzo de la edad adulta y presentes en contextos variados.

Lo que caracteriza el trastorno no es la soledad, que mucha gente aprecia, sino la constancia del desapego, su generalización — incluida la familia y la sexualidad — y su repercusión.

Las formas que adopta

Poco deseo de relaciones cercanas, y poco placer en tenerlas, incluso en la familia.

Una elección casi constante de actividades solitarias.

Poco interés por una sexualidad compartida.

Pocas actividades que procuren placer, o un placer que pasa por actividades intelectuales, técnicas o contemplativas realizadas en solitario.

La ausencia de amigos íntimos o confidentes, aparte, a veces, de un familiar de primer grado.

Una aparente indiferencia tanto a los elogios como a las críticas.

Una frialdad, un desapego o un afecto embotado percibidos por los demás.

Lo que describen los pacientes

A menudo, nada de esto como un problema. Describen una vida organizada en torno a un trabajo, un interés, una rutina, y a los demás como fuentes de cansancio, intrusión o incomprensión. Describen también, a veces, un aburrimiento, un vacío, la impresión de vivir detrás de un cristal.

Cuando consultan, es por otra cosa: un empleador que les reprocha su distancia, un progenitor que se preocupa, una pareja que se va, un estado de ánimo que se hunde, la muerte de la única persona con la que tenían un vínculo.

Dos presentaciones que distinguir

El solitario satisfecho. El desapego se vive como una elección. El paciente no desea cambiar su vida relacional; viene por un problema concreto o bajo la presión de otros. El tratamiento se centra en ese problema, y es breve.

El solitario sensible. Bajo la aparente frialdad, una vida interior rica, una sensibilidad a las intrusiones, a veces un deseo de vínculo vivido como peligroso. Las descripciones clínicas antiguas hablaban de una personalidad esquizoide «secreta»; no están validadas empíricamente, pero describen un perfil que los clínicos reconocen. Se solapa en parte con la personalidad evitativa, y el tratamiento puede ir más lejos.

No se decide al principio en qué categoría se encuentra el paciente. Se descubre, y no se fuerza.

Lo que se ve en consulta

Una presencia educada y reservada. Respuestas breves, precisas, a veces detalladas sobre los temas de interés. Poco contacto visual, poca mímica. Pocas preguntas sobre el terapeuta. Silencios que no incomodan al paciente. Una dificultad para decir lo que siente, que no significa que no sienta nada.

Lo que no forma parte del trastorno

Las ideas de referencia, las creencias extrañas, las percepciones inusuales, la rareza del discurso: orientan hacia la personalidad esquizotípica o un trastorno psicótico. El miedo al rechazo con deseo de vínculo: orienta hacia la personalidad evitativa. Las dificultades de comunicación y los intereses restringidos presentes desde la infancia: orientan hacia el autismo.

Epidemiología, en pocas palabras

Las estimaciones en población general varían mucho según los métodos y siguen siendo inciertas. El trastorno se ve muy rara vez en consulta por sí mismo. Se asocia a una repercusión social y laboral, y a un riesgo de depresión y de aislamiento en la edad avanzada.

4. El coste de la retirada: un modelo prudente

El modelo que guía este programa es deliberadamente modesto. No pretende explicar el origen del desapego; describe cómo el desapego puede volverse costoso, y dónde se puede actuar sin combatirlo.

El punto de partida

Las relaciones se viven como poco gratificantes, cansadas o intrusivas. Las razones varían de un paciente a otro y no siempre pueden conocerse: un temperamento poco sensible a la recompensa social, una sensibilidad a las intrusiones, una historia de relaciones frías o invasivas. No se supone nada.

Los bucles que pueden costar

El bucle del estado de ánimo. La retirada reduce las ocasiones de placer y de sentido. En algunos, el abanico de actividades se estrecha hasta la rutina vacía; el ánimo baja, lo que reduce aún más las actividades. Es el bucle de la depresión, y es el motivo de consulta más frecuente.

El bucle de las exigencias. El mundo laboral, las administraciones y la salud exigen interacciones. Cuanto menos se practican, más cuestan; cuanto más cuestan, más se evitan, hasta llegar a las consecuencias: un empleo perdido, un cuidado aplazado.

El bucle de la percepción. Los demás leen la reserva como frialdad o desprecio. Se retiran o insisten. El paciente, presionado o excluido, se retira aún más.

El bucle de las necesidades no reconocidas. La dificultad para identificar las propias emociones y señales corporales hace que pasen desapercibidos el cansancio, la tristeza, el dolor o la soledad padecida. Solo se ven en el momento de la crisis.

Lo que hace el tratamiento

Actúa sobre cada bucle sin buscar la sociabilidad: amplía el abanico de actividades que tienen valor para el paciente, incluidas las solitarias; hace más económicas las interacciones inevitables; ayuda a reconocer las propias señales; y ofrece, a quienes lo desean, vínculos a una distancia soportable.

Lo que el modelo explica al paciente

Que no se busca cambiar su naturaleza. Que su manera de vivir tiene su lógica y sus ventajas. Y que ciertas cosas le cuestan sin que él lo haya elegido — y que es sobre esas, y solo sobre esas, sobre las que se va a trabajar.

5. La soledad no es una enfermedad

Por qué existe esta sección

Porque la inclinación natural de un terapeuta es considerar que todo el mundo necesita relaciones y que la soledad es una carencia. Esta convicción, aplicada a estos pacientes, produce objetivos que ellos no tienen, sesiones que viven como una intrusión y abandonos del tratamiento.

Lo que hay que distinguir

La introversión, un rasgo normal, sin repercusión.

La soledad elegida, vivida sin sufrimiento y compatible con una vida satisfactoria.

El aislamiento padecido, en el que la persona está sola sin haberlo querido — porque no sabe hacerlo de otro modo, porque teme a los demás, porque lo ha perdido todo.

El sentimiento de soledad, que es una experiencia subjetiva y que puede existir en medio de los demás tanto como faltar en el aislamiento.

Lo que dice la investigación, y cómo utilizarlo

El aislamiento social y el sentimiento de soledad se asocian a una peor salud y a una mortalidad más elevada en los grandes estudios de población. Estos resultados se refieren a promedios, y el sentimiento de soledad desempeña en ellos un papel propio. Justifican interesarse por las consecuencias prácticas del aislamiento — salud, seguridad, ayuda en caso de necesidad —; no justifican imponer relaciones a alguien que no sufre por no tenerlas.

Las diferencias culturales y de género

Las normas de sociabilidad varían mucho. Una reserva que parece patológica en un medio puede ser corriente en otro. Los hombres desapegados se ven más fácilmente como «solitarios»; las mujeres desapegadas, como «frías» o «deprimidas». Estas lecturas deben comprobarse.

Lo que usted hace

Pregunta al paciente, sencillamente, si sufre por estar solo. Se toma la respuesta en serio. Y vuelve a la pregunta más adelante, sin insistir, porque la respuesta puede cambiar — con la confianza, con la edad, con una pérdida.


Este programa está reservado a los profesionales

Se dirige a los profesionales de la salud mental y exige una verificación del título y luego una suscripción profesional.

Preguntas frecuentes

El paciente dice que está muy bien solo. ¿Hay que creerle? Sí, por defecto. Compruebe el estado de ánimo, la red útil y las consecuencias prácticas del aislamiento, y vuelva a la pregunta en los balances. No intente convencerle de que se equivoca.

¿Hay que comunicar el diagnóstico? El término se entiende mal y a menudo hiere. Hable de preferencias, de rasgos y de funcionamiento. Si pregunta, responda con honestidad, diciendo que la categoría se discute.

¿Cómo saber si está deprimido si no muestra nada? Por las actividades, los intereses, el sueño, el descuido de uno mismo, los consumos, las medidas escritas repetidas y la pregunta directa. Sección 9.

¿Y si fuera un autismo? Suele ser la primera pregunta que hay que plantearse. Recoja la historia del desarrollo y derive a una evaluación especializada ante la menor duda. Sección 7.

Casi no habla en sesión. Proponga lo escrito, un orden del día, preguntas factuales, y parta de sus temas de interés. El silencio no es una resistencia.

Su familia quiere que le empuje a salir. Usted trabaja sobre los objetivos del paciente. Con su acuerdo, puede explicar a la familia lo que ayuda y lo que perjudica. Sección 35.

¿Hay que proponer un grupo? No en primera intención. Más adelante, si el paciente lo desea, y preferentemente un grupo organizado en torno a una actividad.

Quiere dejarlo tras unas pocas sesiones. Si ha alcanzado sus objetivos, es un buen final. Compruebe el estado de ánimo, la red útil y la manera de volver.

No tiene a nadie a quien avisar en caso de urgencia. Es un objetivo práctico legítimo, incluso en un paciente que no quiere ninguna relación. Sección 25.

¿Cuánto tiempo? De unos meses para un objetivo concreto a un año para un tratamiento completo. Las fases IV y V son opcionales.

Las fichas para descargar

Los ejercicios de este programa, en PDF para imprimir. Reservados a los miembros.

Ver las fórmulasLas fichas para imprimir están incluidas en el acceso.
  1. 01Lo que conservo, lo que quiero cambiarEn este orden.
  2. 02Mi mapaLo que me cuesta cada contacto, y lo que me aporta.
  3. 03Lo que señala el cuerpoPara saber antes cuándo algo no va bien.
  4. 04Lo que me importaNo necesariamente con los demás.
  5. 05Que cueste menosEl trabajo, las peticiones, las negativas.
  6. 06El rincón de los allegadosEscrita en parte por la persona, entregada si ella lo decide.
  7. 07Mi plan para despuésLo que está preparado el día en que pase algo.

Todas las fichas en un solo archivo, con índice.

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