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PsicosisPara uno mismo50 min de lectura

Oír voces: comprender y afrontar

Oír una voz que nadie más oye es más frecuente de lo que se cree, y no significa automáticamente lo que se teme. Esta guía explica lo que la investigación ha establecido, por qué algunas personas sufren mucho y otras muy poco, qué estrategias ayudan en el día a día, y por qué una valoración médica es siempre el primer paso.

En resumen

Esta guía se dirige a los adultos que oyen voces — se haya emitido un diagnóstico o no — y a sus allegados. Describe lo que la investigación ha mostrado: el fenómeno existe en la población general, en personas sin ningún trastorno; sus causas son múltiples; y lo que determina el sufrimiento no es tanto el contenido de las voces como lo que se cree acerca de ellas. Propone estrategias de afrontamiento concretas, dice cuándo hay que consultar de urgencia, y recuerda una regla absoluta: nunca se modifica ni se interrumpe uno solo un tratamiento prescrito.

Temática
Psicosis
Para quién
Para uno mismo
Idiomas
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El programa

Esta guía es un contenido de psicoeducación. No sustituye a una consulta. Oír voces justifica siempre una valoración médica: vea las secciones 9 y 24. Consulte de urgencia si las voces ordenan hacerse daño o hacer daño a alguien, si se acompañan de confusión, de fiebre o de un cambio brusco del estado general, o si piensa en morir: vea la sección 20, y en caso de peligro inmediato, llame a los servicios de urgencias. No interrumpa nunca solo un tratamiento que le ha sido prescrito, y no modifique sus dosis: háblelo con el psiquiatra o el médico que le atiende. Calcule cincuenta minutos de lectura.

1. Antes de empezar

Quizá empezó por su nombre, pronunciado una vez, en una habitación vacía. O por un comentario, mientras fregaba los platos, sobre lo que estaba haciendo. Desde entonces, comprueba si alguien ha hablado, pone música para tapar, y no se lo ha contado a nadie, porque sabe lo que la gente piensa de quienes oyen voces.

Tres cosas, de entrada.

No está solo, ni mucho menos. Las encuestas realizadas en población general muestran que una proporción nada desdeñable de personas ha oído una voz al menos una vez en su vida, sin haber consultado nunca y sin que eso afectara a su existencia. Oír una voz es un fenómeno humano, no una anomalía rara.

Oír una voz no dice, por sí solo, de qué se trata. Puede acompañar a un trastorno psicótico. También puede aparecer tras una noche en blanco, en un duelo, bajo el efecto de una sustancia, durante una fiebre, después de un trauma, o en situaciones del todo benignas. Por eso el primer paso no es concluir, sino hacer que lo valoren.

Lo que hace sufrir se puede trabajar. Es el resultado más útil de la investigación sobre este tema: la angustia depende mucho menos de la presencia de las voces que de lo que se cree acerca de ellas — su poder, su intención, lo que habría que hacer con ellas. Esas creencias pueden cambiar, y la vida se vuelve entonces muy distinta, incluso cuando las voces siguen ahí.

A quién se dirige esta guía

A usted, si oye voces, desde hace mucho o desde hace poco.

A usted, si ha recibido un diagnóstico y busca comprender y actuar, como complemento de su seguimiento.

A usted, si nunca ha consultado, por miedo a la mirada ajena o al hospital.

A usted, si un allegado oye voces y no sabe qué hacer ni qué decir.

2. Qué es oír una voz

Una experiencia, varias formas

La palabra «voz» abarca experiencias muy distintas de una persona a otra.

  • El número: una sola voz, o varias, a veces hablando entre ellas.
  • La localización: fuera, como si alguien estuviera en la habitación o detrás de la puerta; o dentro de la cabeza, sin dejar por ello de ser distinta de los propios pensamientos.
  • La claridad: a veces nítida como una conversación, a veces un murmullo confuso o un barullo.
  • La identidad: desconocida, o reconocida — un allegado fallecido, un progenitor, alguien del pasado.
  • El contenido: comentarios sobre lo que uno hace, insultos, reproches, órdenes, conversaciones, a veces palabras neutras o incluso alentadoras.
  • La frecuencia: unas cuantas veces al año o de forma permanente.
  • El desencadenante: en la calma, por la noche, con ruido, en público, bajo estrés, al ir a dormirse.

Lo que no es

No es la voz interior ordinaria, esa con la que todo el mundo se habla en silencio. La diferencia que señalan la mayoría de las personas afectadas es la sensación de que la voz no viene de ellas: no se controla, sorprende, dice cosas que uno no habría pensado.

No es imaginación en el sentido de que uno eligiera lo que oye. La experiencia se percibe realmente.

No es necesariamente locura, y de eso trata la sección siguiente.

Las otras percepciones

Algunas personas ven, huelen o sienten cosas que los demás no perciben. Se aplican los mismos principios, y las mismas precauciones: hacer que lo valoren, no quedarse a solas con ello.

Lo que cuesta

El sufrimiento rara vez viene del sonido en sí. Viene del contenido cuando es hostil, del agotamiento de una presencia permanente, de la dificultad para concentrarse, del miedo a ser descubierto, y del aislamiento que impone el secreto. Estas cuatro dimensiones se trabajan, por separado.


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Preguntas frecuentes

¿Me estoy volviendo loco? Es la primera pregunta de casi todo el mundo, y merece una respuesta clara: oír una voz no significa eso. El fenómeno existe en la población general en personas sin ningún trastorno, y tiene causas muy variadas, algunas de ellas banales y transitorias. Lo que importa es hacer que lo valoren.

¿Tengo forzosamente una esquizofrenia? No. Es una causa posible entre otras: falta de sueño, duelo, sustancias, causas médicas, trauma, depresión grave, entre otras. Solo un examen permite decirlo.

¿Van a desaparecer las voces? En algunas personas, sí, en particular cuando se encuentra y se trata una causa reversible. En otras, persisten y se vuelven mucho menos invasivas. Los dos desenlaces son mejorías, y el trabajo que aquí se propone apunta ante todo a la angustia y a la vida cotidiana.

¿Debo responder a las voces? Nunca está obligado a obedecerlas. Algunas personas encuentran útil dirigirles una frase breve y firme; otras prefieren no entrar en intercambio. Lo que importa es no someterse y no dejarse arrastrar a una disputa sin fin.

¿Qué hago si una voz me dice que me haga daño? No la obedezca, no se quede solo, y consulte sin esperar: es una urgencia. Llame a su médico ese mismo día, o a los servicios de urgencias en caso de peligro inmediato.

¿Puede estar implicado el cannabis? Sí. La relación entre cannabis y riesgo psicótico está establecida, particularmente para un consumo frecuente de productos concentrados. En una persona que ya oye voces, agrava generalmente los síntomas. Dejarlo es la medida más útil.

Estoy mejor, ¿puedo dejar mi tratamiento? No, no por su cuenta. Es la causa más frecuente de recaída, y la mejoría suele ser efecto del propio tratamiento. Si desea reducirlo o dejarlo, es una conversación que hay que tener con el psiquiatra, y se prepara y se vigila.

¿Los medicamentos me van a convertir en un zombi? Los efectos adversos existen, varían según las moléculas y las personas, y no hay que padecerlos en silencio. Muchos pueden reducirse con un ajuste o un cambio. Dígalos, no los soporte.

¿Debo decírselo a mi empleador? Nada le obliga. Puede pedir adaptaciones sin dar detalles. Un médico del trabajo, allí donde exista, puede ayudarle. Háblelo libremente con quienes le atienden, y elija en cuanto al resto.

¿Puedo trabajar y tener una vida normal? Sí. Muchas personas trabajan, estudian, viven en pareja, crían hijos. Los dispositivos de apoyo al empleo mejoran claramente el acceso al trabajo, y el propio trabajo suele ser protector.

Mi allegado se niega a consultar. ¿Qué hago? Siga presente, no se enfrente al contenido de las voces, exprese su inquietud hablando de lo que observa, proponga una consulta con el médico de cabecera en lugar de un psiquiatra si resulta más aceptable, y pida consejo para usted mismo. En caso de peligro inmediato, llame a los servicios de emergencia.

¿Por qué son peores las voces por la noche? A menudo porque el cansancio se acumula, la actividad disminuye, el silencio se instala y la atención está menos ocupada. Es una regularidad muy frecuente, y señala directamente qué hacer: prever actividades y un fondo sonoro en los momentos de riesgo, y cuidar el sueño.

Los grupos de escuchadores de voces, ¿merecen la pena? Muchas personas encuentran en ellos un alivio importante: hablar sin ser juzgado, intercambiar estrategias, salir del aislamiento. No son un tratamiento y no sustituyen al seguimiento médico, pero se suman a él muy bien.

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