Oír voces: comprender y afrontar
Oír una voz que nadie más oye es más frecuente de lo que se cree, y no significa automáticamente lo que se teme. Esta guía explica lo que la investigación ha establecido, por qué algunas personas sufren mucho y otras muy poco, qué estrategias ayudan en el día a día, y por qué una valoración médica es siempre el primer paso.
En resumen
Esta guía se dirige a los adultos que oyen voces — se haya emitido un diagnóstico o no — y a sus allegados. Describe lo que la investigación ha mostrado: el fenómeno existe en la población general, en personas sin ningún trastorno; sus causas son múltiples; y lo que determina el sufrimiento no es tanto el contenido de las voces como lo que se cree acerca de ellas. Propone estrategias de afrontamiento concretas, dice cuándo hay que consultar de urgencia, y recuerda una regla absoluta: nunca se modifica ni se interrumpe uno solo un tratamiento prescrito.
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- Psicosis
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El programa
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Preguntas frecuentes
¿Me estoy volviendo loco? Es la primera pregunta de casi todo el mundo, y merece una respuesta clara: oír una voz no significa eso. El fenómeno existe en la población general en personas sin ningún trastorno, y tiene causas muy variadas, algunas de ellas banales y transitorias. Lo que importa es hacer que lo valoren.
¿Tengo forzosamente una esquizofrenia? No. Es una causa posible entre otras: falta de sueño, duelo, sustancias, causas médicas, trauma, depresión grave, entre otras. Solo un examen permite decirlo.
¿Van a desaparecer las voces? En algunas personas, sí, en particular cuando se encuentra y se trata una causa reversible. En otras, persisten y se vuelven mucho menos invasivas. Los dos desenlaces son mejorías, y el trabajo que aquí se propone apunta ante todo a la angustia y a la vida cotidiana.
¿Debo responder a las voces? Nunca está obligado a obedecerlas. Algunas personas encuentran útil dirigirles una frase breve y firme; otras prefieren no entrar en intercambio. Lo que importa es no someterse y no dejarse arrastrar a una disputa sin fin.
¿Qué hago si una voz me dice que me haga daño? No la obedezca, no se quede solo, y consulte sin esperar: es una urgencia. Llame a su médico ese mismo día, o a los servicios de urgencias en caso de peligro inmediato.
¿Puede estar implicado el cannabis? Sí. La relación entre cannabis y riesgo psicótico está establecida, particularmente para un consumo frecuente de productos concentrados. En una persona que ya oye voces, agrava generalmente los síntomas. Dejarlo es la medida más útil.
Estoy mejor, ¿puedo dejar mi tratamiento? No, no por su cuenta. Es la causa más frecuente de recaída, y la mejoría suele ser efecto del propio tratamiento. Si desea reducirlo o dejarlo, es una conversación que hay que tener con el psiquiatra, y se prepara y se vigila.
¿Los medicamentos me van a convertir en un zombi? Los efectos adversos existen, varían según las moléculas y las personas, y no hay que padecerlos en silencio. Muchos pueden reducirse con un ajuste o un cambio. Dígalos, no los soporte.
¿Debo decírselo a mi empleador? Nada le obliga. Puede pedir adaptaciones sin dar detalles. Un médico del trabajo, allí donde exista, puede ayudarle. Háblelo libremente con quienes le atienden, y elija en cuanto al resto.
¿Puedo trabajar y tener una vida normal? Sí. Muchas personas trabajan, estudian, viven en pareja, crían hijos. Los dispositivos de apoyo al empleo mejoran claramente el acceso al trabajo, y el propio trabajo suele ser protector.
Mi allegado se niega a consultar. ¿Qué hago? Siga presente, no se enfrente al contenido de las voces, exprese su inquietud hablando de lo que observa, proponga una consulta con el médico de cabecera en lugar de un psiquiatra si resulta más aceptable, y pida consejo para usted mismo. En caso de peligro inmediato, llame a los servicios de emergencia.
¿Por qué son peores las voces por la noche? A menudo porque el cansancio se acumula, la actividad disminuye, el silencio se instala y la atención está menos ocupada. Es una regularidad muy frecuente, y señala directamente qué hacer: prever actividades y un fondo sonoro en los momentos de riesgo, y cuidar el sueño.
Los grupos de escuchadores de voces, ¿merecen la pena? Muchas personas encuentran en ellos un alivio importante: hablar sin ser juzgado, intercambiar estrategias, salir del aislamiento. No son un tratamiento y no sustituyen al seguimiento médico, pero se suman a él muy bien.