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EmocionesPara uno mismo55 min de lectura

La ira: comprenderla y regularla

El tono que sube por unos zapatos mal guardados, la frase de la que uno se arrepiente diez segundos después, el volante, los hijos, la pareja que se calla. Esta guía explica qué ocurre en el cuerpo y en los pensamientos cuando estalla la ira, por qué desahogarse la agrava, y cómo regularla sin por ello callarse.

En resumen

Esta guía se dirige a los adultos a quienes su ira desborda, y a quienes viven con ellos. Describe lo que la investigación ha establecido: la ira es una emoción normal y a veces útil, pero golpear un cojín o gritar la amplifica en lugar de vaciarla. Propone lo que funciona realmente — detectarla pronto, salir de la situación, relajar el cuerpo, reexaminar las interpretaciones, pedir en lugar de atacar — y dice claramente qué hacer cuando la ira se ha convertido en violencia.

Temática
Emociones
Para quién
Para uno mismo
Idiomas
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El programa

Esta guía es un contenido de psicoeducación. No sustituye a una consulta. Si ha golpeado a alguien, si tiene miedo de hacerlo, o si alguien le tiene miedo, la prioridad es la seguridad de las personas implicadas: aléjese, y pida ayuda a un profesional esta misma semana — vea la sección 18. En caso de peligro inmediato, llame a los servicios de urgencias de su país. Si usted es la persona que sufre esa violencia, esta guía no está hecha para su situación: vea Dominación y control: reconocerlos y salir. No interrumpa nunca por su cuenta un tratamiento prescrito. Calcule cincuenta y cinco minutos de lectura.

1. Antes de empezar

Son las siete y diez de la tarde. Usted llega a casa, el día ha sido largo, y hay unos zapatos en medio del pasillo. Oye su propia voz subir a un tono que no reconoce del todo. Su hija se queda paralizada. Usted dice una frase de más. Treinta segundos después, la ira ya está bajando, y lo que sube en su lugar es la vergüenza.

Se dice que tampoco fue tan grave, que estaba cansado, que ella también exagera. Luego se dice que es la tercera vez esta semana.

Tres cosas, de entrada.

La ira no es el problema. Es una emoción normal, presente en todo el mundo, y tiene una función: señala que se ha cruzado un límite y da la energía para reaccionar. Lo que plantea problema es su intensidad, su frecuencia, su duración, y sobre todo lo que uno hace con ella.

Desahogarse no vacía nada. Es el resultado más sólido y más contraintuitivo del campo: golpear un cojín, gritar en el coche, romper algo, repasar mentalmente la ofensa — todo eso aumenta la ira y la agresividad que viene después, en lugar de reducirlas. La sección 5 está dedicada a ello.

Esto se aprende. Las intervenciones psicológicas sobre la ira se evalúan desde los años setenta, y los metaanálisis concluyen que son eficaces. No son recetas de buena voluntad: son competencias que se entrenan.

A quién se dirige esta guía

A usted, si estalla por cosas menores y luego lo lamenta.

A usted, si está irritable de forma permanente, sin necesariamente gritar.

A usted, si su ira ha dañado una relación, un trabajo, o la confianza de sus hijos.

A usted, si es más bien de los que se lo guardan todo y luego explotan de golpe.

A usted, si acompaña a alguien cuya ira pesa sobre la vida de la casa — siempre que usted no esté en peligro, en cuyo caso lo que necesita es otra guía.

2. Qué es la ira

Una emoción, no un defecto

La ira aparece cuando algo se percibe como una agresión: una injusticia, un obstáculo, una falta de respeto, una frontera cruzada. Moviliza el cuerpo, orienta la atención hacia el supuesto responsable, y empuja a actuar.

Tiene funciones reales. Señala que un límite importa. Da la energía para defender a alguien, para negarse, para protestar. Los trabajos realizados sobre la ira en la vida cotidiana han mostrado además que, en la mayoría de los casos, se dirige a un allegado, que recae sobre algo que la persona juzga evitable, y que desemboca a menudo en una conversación más que en una agresión.

Cuándo se convierte en un problema

Cuatro parámetros, que conviene examinar por separado.

  • La frecuencia. Varias veces al día, por cosas menores.
  • La intensidad. De cero a ocho en unos segundos, sin etapas intermedias.
  • La duración. Una hora, una noche, dos días de rencor.
  • La expresión. Gritos, insultos, objetos rotos, gestos, silencio punitivo, sarcasmos, o explosión diferida sobre alguien que no tiene nada que ver.

Un quinto criterio prima sobre los demás: las consecuencias. Una ira que daña las relaciones, el trabajo, la salud o la seguridad de alguien es un problema, sean cuales sean los cuatro primeros parámetros.

Las caras de la ira

La explosiva. Subida brusca, gritos, y después arrepentimiento. Es la forma más visible.

La contenida. Uno no dice nada, aprieta los dientes, acumula durante semanas — y luego estalla por una tontería, o enferma de tanta tensión.

La fría. Sin gritos: desprecio, sarcasmo, silencio, una puerta que ni siquiera da un portazo. A menudo más destructiva para una relación que los estallidos de voz.

La irritabilidad de fondo. Todo molesta, todo el tiempo. Suele acompañar al cansancio, al dolor, a la depresión, a la abstinencia de una sustancia, o a un periodo de sobrecarga.

Ira, agresividad, violencia

Tres cosas distintas, y confundirlas impide pensar.

La ira es una emoción: se siente, no es ni buena ni mala.

La agresividad es un comportamiento destinado a herir: insultar, humillar, amenazar, romper.

La violencia es un comportamiento que atenta contra la integridad de alguien.

Se puede sentir una ira intensa sin ser agresivo. Ese es exactamente el objetivo de esta guía.


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Preguntas frecuentes

¿De verdad no alivia desahogarse? No, y es el resultado más sólido del campo. Golpear un objeto pensando en la persona que le ha ofendido aumenta la ira y la agresividad que vienen después. Lo que hace bajar es el tiempo, el alejamiento, la relajación muscular y un esfuerzo físico sin contenido hostil.

¿No es la ira a veces útil? Sí. Señala que se ha cruzado un límite y da la energía para actuar. El problema no es sentirla: es su intensidad, su duración, y la forma en que se expresa. El objetivo de la guía es poder estar enfadado y hablar de todos modos con calma.

¿Cuánto tiempo hace falta para que baje? Al menos veinte a treinta minutos después de un pico, y más si usted le da vueltas durante ese tiempo. Por eso el tiempo muerto debe durar como mínimo veinte minutos, y no debe ocuparse en rehacer la discusión.

Mi pareja dice que el tiempo muerto es huir. ¿Cómo hacerlo? Tres elementos cambian esa percepción: negociar el dispositivo en frío, anunciarlo al irse con una hora de regreso, y volver efectivamente a la hora dicha. Después de tres o cuatro veces, la objeción suele desaparecer, porque la persona comprueba que usted vuelve.

¿Se hereda la ira de los padres? En parte por temperamento, y mucho por aprendizaje: se reproduce lo que se ha visto. No es una fatalidad, y saber de dónde viene no basta para cambiar — son las competencias entrenadas las que marcan la diferencia.

Grito a mis hijos y me siento terriblemente culpable. ¿Es irreparable? No. Lo que cuenta no es no equivocarse nunca, es lo que ocurre después. Reconocerlo con precisión, sin justificarse con el comportamiento de ellos, y decir qué hará de otra manera repara gran parte del daño — y les enseña que un enfado se puede reconocer.

¿De verdad ayuda el deporte? Una actividad física regular baja el nivel de base de irritabilidad, mejora el sueño y la tolerancia a la frustración: sí. En cambio, correr repasando la discusión en la cabeza no calma nada. La diferencia es el contenido mental, no el movimiento.

Nunca grito, me lo guardo todo. ¿Es mejor? La verdad es que no. Acumular produce explosiones diferidas, rencor, tensión física, y relaciones en las que nada se resuelve. La solución es la misma en los dos sentidos: decirlo pronto y en pequeño, con una petición precisa.

¿Mi problema es el alcohol o la falta de sueño, y no la ira? Es posible, y es una muy buena noticia, porque son factores modificables. Los datos experimentales son claros en los dos casos. Empiece por ahí: a menudo es lo que produce el cambio más rápido.

¿Puede la ira dañar mi salud? Los seguimientos de cohortes asocian ira y hostilidad elevadas con un aumento del riesgo cardiovascular. La asociación es modesta pero constante. No es motivo para preocuparse cada vez que uno se enfada, es motivo para tratar una ira frecuente.

Empujé a mi pareja una vez. ¿Es grave? Sí. No es un grado superior de discusión, es un hecho de otra naturaleza. La prioridad es la seguridad: aléjese, y pida esta semana un acompañamiento especializado. Un trabajo personal sobre la ira no basta en esta situación, y una terapia de pareja no está indicada cuando ha habido violencia.

¿Cuánto tiempo pasa antes de ver un cambio? La detección mejora en una o dos semanas. El tiempo muerto se vuelve utilizable en tres o cuatro. La relajación aplicada requiere seis a ocho semanas para estar disponible en situación. Calcule tres meses para un cambio claro y duradero, con una práctica regular.

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