Dejar a alguien: decidir, anunciarlo, mantenerse firme
Se habla mucho de quienes son dejados, casi nunca de quienes se van. Sin embargo, dejar a alguien a quien se ha querido, o a quien todavía se quiere, es una de las cosas más difíciles de hacer. Esta guía ayuda a comprobar que la decisión está tomada, a preparar el anuncio, a encontrar las palabras, a hacer frente a la reacción del otro, a mantenerse firme en las semanas siguientes y a atravesar la propia culpa.
En resumen
Esta guía se dirige a las personas que han decidido poner fin a una relación amorosa, o que están muy cerca de hacerlo, haya durado unas semanas o veinte años. Se apoya en los trabajos que han estudiado las rupturas desde el lado de quien se va: la culpa y la falta de instrucciones, la tentación de quedarse para no hacer daño, las rupturas confusas que prolongan el sufrimiento de los dos. Propone referencias para preparar el anuncio, frases exactas adaptadas a distintas situaciones, respuestas a las reacciones más difíciles, entre ellas las amenazas de hacerse daño, y reglas sencillas para mantener la decisión. Dice también cuándo la seguridad está por encima de todo lo demás.
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El programa
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Preguntas frecuentes
¿Tengo que dar todas las razones de mi decisión? No. Le debe al otro una razón honesta y principal, no un inventario. Una lista de reproches convierte el anuncio en un juicio y no cambia en nada la decisión. Si el otro necesita entender más adelante, algunas preguntas podrán encontrar respuesta, por escrito o en otra conversación.
¿Es aceptable romper por mensaje? Para una relación muy corta, sí, y a menudo es preferible para los dos. Para una relación que ha importado, como regla general no, salvo si tiene miedo de la reacción del otro: en ese caso, la seguridad está por encima de la delicadeza.
El otro dice que no puedo hacerle esto. ¿Cómo mantenerme firme? Recordándose que tiene derecho a poner fin a una relación, y que el sufrimiento del otro, que es real, no le obliga a quedarse. La frase «Te escucho. Mi decisión está tomada» puede repetirse tantas veces como sea necesario, con suavidad.
¿Hay que proponer seguir siendo amigos? No en la conversación de ruptura. La amistad inmediata suele retrasar el duelo de quien es dejado y mantiene la esperanza. Si tiene que existir, llegará más tarde, y se decidirá entre los dos.
Me siento aliviado, y me encuentro horrible. ¿Es normal? El alivio es muy frecuente en quien se va, sobre todo después de un largo periodo de duda o de tensión. No dice que no haya querido ni que el dolor del otro le sea indiferente. Dice que se ha quitado un peso de encima.
¿Y si me arrepiento? Es posible, y también uno puede arrepentirse de no haberse ido. Reduce el riesgo de reprochárselo tomando la decisión después de una reflexión real, y anunciándola con claridad. Si meses después persiste la convicción de haber cometido un error, incluso en los buenos momentos, merece ser examinada, con ayuda de un profesional si hace falta.
El otro quiere volver a verme para «hablar». ¿Debo aceptar? Una segunda conversación, unos días después del anuncio, puede ayudar a algunas personas a comprender y a cerrar. Fije el marco: un lugar, una duración, un objetivo. Si estos encuentros se multiplican, o si sirven para reabrir la decisión, hacen más mal que bien.
El otro está muy mal. ¿Debo preguntar por él o por ella? Asegúrese de que hay allegados informados y presentes, y anímele a consultar si es necesario. Preguntar usted mismo con regularidad suele mantener el vínculo que intenta deshacer. Si teme por su vida, llame a emergencias o a un allegado (sección 11).
Tenemos hijos. ¿Es egoísta irse? No en sí mismo. Para los hijos, lo que más cuenta es la manera en que se produce la separación, el nivel de conflicto entre los padres y la calidad de la crianza por cada lado. Irse protegiéndolos del conflicto no es egoísta; quedarse en una relación de tensión permanente no los protege.