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Depresión y estado de ánimoPara uno mismo65 min de lectura

Comprender la depresión

La depresión no es una gran tristeza: es una enfermedad que apaga las ganas, ralentiza el cuerpo y deforma el pensamiento. Esta guía explica qué ocurre, por qué el repliegue empeora las cosas, y qué ha demostrado realmente su eficacia para salir de ella — retomar por los actos, trabajar los pensamientos, tratar el sueño, y saber cuándo están indicados un medicamento o una psicoterapia.

En resumen

Esta guía se dirige a los adultos que atraviesan un episodio depresivo, a quienes se preguntan si lo que viven lo es, y a quienes han salido de uno y quieren evitar la recaída. Describe lo que la investigación ha establecido: el papel del retraimiento y de la inactividad, el de los pensamientos negativos y las rumiaciones, la eficacia comparable de la terapia cognitivo-conductual y de los antidepresivos en las formas moderadas, y lo que protege de las recidivas. Después propone un método concreto, semana tras semana, y dice con claridad cuándo hay que consultar sin esperar.

Temática
Depresión y estado de ánimo
Para quién
Para uno mismo
Idiomas
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El programa

Esta guía es un contenido de psicoeducación. No sustituye a una consulta. Si piensa en morir, si tiene la sensación de que los demás estarían mejor sin usted, háblelo ese mismo día con su médico, con un allegado o con una línea de prevención del suicidio; en caso de peligro inmediato, llame a los servicios de urgencias de su país. No modifique nunca por su cuenta un tratamiento prescrito: toda decisión de aumentar, reducir o interrumpir un medicamento se toma con el médico que lo ha recetado. Calcule sesenta y cinco minutos de lectura.

1. Antes de empezar

Suena el despertador. Usted lleva despierto desde las cuatro de la madrugada, con los ojos abiertos en la oscuridad y ese pensamiento que da vueltas. Se levanta porque hay que hacerlo. La ducha exige una negociación. El trayecto, otra. En la oficina, relee tres veces el mismo párrafo. A mediodía, no tiene hambre. Por la noche le proponen salir y oye su propia voz responder que está cansado, cuando la verdadera respuesta sería: «no le veo el sentido». Y lo peor es que ni siquiera consigue llorar.

Quizá se diga que le falta voluntad. Que otros tienen problemas más graves. Que ya se pasará.

Tres cosas, de entrada.

La depresión no es una tristeza más grande. Es un estado que afecta a la energía, al sueño, al apetito, a la concentración, al cuerpo y al pensamiento al mismo tiempo. Se puede estar deprimido sin sentirse triste, y sentirse sobre todo vacío, irritable o anestesiado.

No es un defecto de voluntad. Pedirle a alguien que se sacuda equivale a pedirle a una persona resfriada que deje de toser. La voluntad es precisamente una de las funciones que la depresión alcanza, y por eso el método consiste en actuar de otro modo, no en querer con más fuerza.

Se trata, y la mayoría de las veces se trata bien. Es la enfermedad psíquica para la que se dispone del mayor número de tratamientos con eficacia demostrada. La dificultad no es que no exista nada: es que la propia enfermedad desanima a ir a buscarlos.

A quién se dirige esta guía

A usted, si atraviesa un paso oscuro que dura desde hace varias semanas y quiere comprender qué le ocurre.

A usted, si le han diagnosticado una depresión y quiere saber cuánto valen los tratamientos propuestos.

A usted, si ha salido de un episodio y teme la recaída.

A usted, si acompaña a alguien y quiere antes comprenderlo desde dentro; nuestro programa Ayudar a un allegado con depresión es entonces la prolongación natural de este.

2. Tristeza, bajón, depresión: establecer la diferencia

La tristeza es una emoción

Tiene un objeto — una pérdida, una decepción, una mala noticia —, varía a lo largo del día, cede ante una buena sorpresa, y se atenúa con el tiempo. Una persona triste sigue siendo capaz de distraerse, de reírse de una tontería, de tener hambre. La tristeza es útil: ralentiza, llama al apoyo de los demás, da tiempo para encajar.

El bajón es un hueco

Unos días de ánimo bajo tras una semana difícil, un domingo por la noche sombrío, un mes de noviembre pesado: estos huecos son frecuentes y pasan solos, sobre todo cuando uno sigue viviendo con normalidad. No desorganizan ni el sueño, ni el apetito, ni el trabajo.

El episodio depresivo es otra cosa

Lo que lo distingue se resume en cuatro elementos, y en ellos se apoya un médico.

  • La duración. Las manifestaciones están presentes casi todos los días, gran parte de la jornada, desde hace al menos dos semanas — y la mayoría de las veces desde mucho antes cuando la persona acaba consultando.
  • La extensión. No es solo el estado de ánimo: el sueño, el apetito, la energía, la concentración, la memoria, la libido y la relación con el cuerpo se ven afectados a la vez.
  • La pérdida de las ganas. Las cosas que daban placer ya no lo dan. Suele ser el signo más específico, y el más desconcertante para el entorno.
  • La repercusión. El trabajo, los estudios, la vida familiar y la higiene diaria se resienten. La persona funciona por debajo de lo que sabe hacer, y lo sabe.

«Pero tengo razones para estar mal»

Casi siempre. Un duelo, una ruptura, un despido, una enfermedad, un agotamiento en el trabajo. Tener una razón no excluye la depresión: eso explica su desencadenamiento, no su persistencia. A partir de cierto punto, el episodio se mantiene solo, por el retraimiento, la inactividad, el insomnio y las rumiaciones, con independencia de lo que lo desencadenó. Es una noticia más bien alentadora: se puede actuar sobre lo que lo mantiene incluso cuando no se puede hacer nada sobre lo que lo causó.

El duelo no es una depresión

Tras una pérdida, el dolor va y viene por oleadas, los recuerdos pueden ser dulces tanto como desgarradores, y la autoestima permanece globalmente intacta. En la depresión, el estado de ánimo es plano de manera permanente y la persona se juzga con severidad. Ambos pueden coexistir, y un duelo puede desencadenar un episodio depresivo: nuestro programa El duelo: comprender, atravesar, y saber cuándo pedir ayuda detalla lo que distingue a uno del otro.


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Preguntas frecuentes

¿Cómo saber si es una depresión de verdad o solo un bajón? La duración, la extensión y la repercusión marcan la diferencia. Un bajón dura unos días, no impide funcionar y cede ante una buena noticia. Un episodio depresivo dura al menos dos semanas, casi todos los días, afecta al sueño, al apetito, a la energía y a la concentración, y hace caer lo que usted consigue hacer. Solo un profesional puede decidirlo, y esa es una razón para consultar, no para esperar.

¿Cuánto tiempo dura un episodio? Sin tratamiento, varios meses en muchas personas, a veces más. Con un tratamiento adecuado, la mejoría es en general claramente más rápida. La duración no es una fatalidad, y lo que más acorta el episodio es no esperar.

¿Debo tomar antidepresivos? Depende de la gravedad, de la duración, de la repercusión, de sus antecedentes y de su preferencia. En las formas leves a moderadas, una psicoterapia estructurada funciona igual de bien de media. En las formas graves, la asociación de un tratamiento y una psicoterapia funciona mejor que uno de los dos por separado. Es una decisión que hay que tomar con un médico, no con un texto.

Estoy mejor, ¿puedo dejar mi tratamiento? No por su cuenta, y no de inmediato. Los ensayos muestran que una interrupción precoz expone a una recaída rápida: el tratamiento se prolonga habitualmente varios meses tras la desaparición de los síntomas, y después se reduce progresivamente, por escalones, con el médico que lo ha prescrito.

¿Los antidepresivos crean dependencia? No provocan ni deseo irreprimible, ni escalada de dosis, ni búsqueda compulsiva: no es una dependencia en el sentido de las drogas. En cambio, una interrupción brusca provoca a menudo manifestaciones desagradables — mareos, sensaciones extrañas, náuseas, irritabilidad, trastornos del sueño — que la reducción progresiva permite evitar.

¿El deporte puede sustituir a un tratamiento? Reduce realmente los síntomas depresivos y forma parte del abordaje, pero no sustituye a un tratamiento cuando el episodio es grave. Véalo como un complemento potente y gratuito, no como una alternativa.

No tengo ganas de nada. ¿Cómo hago para empezar cualquier cosa? No contando con las ganas. Las ganas vuelven después de la acción, no antes. Elija una acción tan pequeña que parezca ridícula, escríbala la víspera con una hora, y hágala sin negociar. Es el principio de la activación conductual, y es uno de los enfoques mejor demostrados.

¿Hablar de mis ideas negras puede preocupar a mis allegados para nada? No. Los estudios muestran que abordar la cuestión no aumenta el riesgo, y los allegados casi siempre prefieren saberlo. El silencio, en cambio, aísla y agrava. Si resulta demasiado difícil decirlo de viva voz, una línea de escucha o un mensaje escrito a su médico también sirven.

Tengo razones objetivas para estar mal. ¿De qué sirve consultar? Porque el tratamiento no se dirige solamente a la causa, sino a lo que mantiene el episodio: el retraimiento, el insomnio, las rumiaciones, la inactividad. Se puede estar claramente mejor sin que la situación de partida haya cambiado, y entonces se es mucho más capaz de actuar sobre ella.

Mi entorno me dice que me sacuda. ¿Cómo responder? Explicando que la capacidad de sacudirse es precisamente lo que la enfermedad alcanza, y pidiendo cosas concretas en lugar de ánimos: un paseo juntos, un trayecto, una mano. Pasarles nuestro programa Ayudar a un allegado con depresión evita a menudo muchos malentendidos.

Llevo dos semanas mejor. ¿Se ha terminado? Probablemente todavía no. La mejoría precede a la curación en varias semanas, y es el momento en que se abandona todo lo que ha funcionado. Mantenga el ritmo, las actividades y el seguimiento, y considere la prevención de las recaídas como el verdadero final del tratamiento.

¿La depresión es hereditaria? Existe una parte de vulnerabilidad familiar, como en muchas enfermedades, pero no determina nada por sí sola: el desencadenamiento, la duración y la recidiva dependen también en gran medida de factores sobre los que se puede actuar. Un antecedente familiar es una razón para detectar pronto, no para resignarse.

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