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AnsiedadPara profesionales70 min de lectura

Tratar la ansiedad social del adulto: manual del terapeuta

Protocolo de catorce sesiones, sesión por sesión, basado en el modelo de Clark y Wells y en las recomendaciones NICE. Criterios diagnósticos, objetivos, desarrollo paso a paso, errores frecuentes, fichas para el paciente y referencias completas.

En resumen

Este manual está dirigido a profesionales de la salud mental formados en terapia cognitivo-conductual. Describe un tratamiento completo de la ansiedad social del adulto: el modelo subyacente, los criterios diagnósticos del DSM-5-TR y de la CIE-11, los instrumentos de evaluación, los objetivos y luego las catorce sesiones una a una, con su desarrollo paso a paso, lo que hay que decir, los errores que hacen fracasar una sesión y el criterio de paso a la siguiente. Siete fichas imprimibles acompañan el programa y se entregan al paciente.

Temática
Ansiedad
Para quién
Para profesionales
Idiomas
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El programa

Este programa es un manual de tratamiento destinado a profesionales de la salud mental. Supone una formación clínica, la capacidad de establecer un diagnóstico y un marco de supervisión. No sustituye ni su juicio clínico ni su responsabilidad deontológica. Los criterios diagnósticos se reformulan aquí con nuestras propias palabras y nunca se reproducen: para el texto literal, consulte los manuales originales.

1. El programa de un vistazo

Indicación. Trastorno de ansiedad social (fobia social) marcado en el adulto, forma generalizada o forma limitada a las situaciones de actuación.

Modelo de referencia. Terapia cognitiva individual basada en el modelo de Clark y Wells (1995), tal como fue estudiada por Clark y colaboradores (2003, 2006) y recomendada como tratamiento de primera línea por NICE (2013).

Formato. Catorce sesiones individuales de 90 minutos, semanales, a lo largo de unos cuatro meses, seguidas de dos sesiones de refuerzo a uno y a tres meses. La duración de 90 minutos no es negociable en las primeras sesiones: los experimentos conductuales y la retroalimentación en vídeo no caben en 50 minutos.

Mecanismo objetivo. No la habituación a la ansiedad, sino la modificación de tres procesos que mantienen el trastorno: la atención autoenfocada, las conductas de seguridad y la imagen distorsionada de sí mismo vista desde fuera.

Sesión Objeto Resultado de la sesión
1 Evaluación, medidas, alianza Lista de situaciones, primeras medidas
2 Formulación individualizada Esquema del círculo vicioso, escrito con el paciente
3 Experimento de manipulación Prueba vivida de que la seguridad agrava
4 Retroalimentación en vídeo Discrepancia entre imagen sentida e imagen vista
5 Entrenamiento atencional Atención externa sostenible en situación
6 Primeros experimentos fuera de sesión Predicciones escritas, resultados anotados
7 Encuestas Datos reales sobre las normas de los demás
8 Anticipación Procesamiento anticipatorio identificado y abandonado
9 Rumiación posterior Reducción del repaso mental
10 Imágenes y recuerdos precoces Reestructuración en imaginación
11 Reglas y supuestos Supuestos explicitados y puestos a prueba
12 Generalización Experimentos en los ámbitos evitados
13 Evitaciones residuales Inventario final de las seguridades
14 Plan personal, prevención de recaídas Ficha de síntesis escrita por el paciente

Lo que el paciente se lleva. Siete fichas imprimibles, enumeradas en la sección 30 y descargables desde esta página: registro de situaciones, predicciones y resultados, encuesta, entrenamiento atencional, diario de anticipación y de rumiación, escalera de exposición, plan personal.

Lo que distingue este programa de una exposición graduada. Aquí la exposición es un medio de poner a prueba una predicción, no un fin en sí. El paciente no entra en la situación para habituarse, sino para recoger una información que no puede obtener de otro modo. Esta diferencia no es cosmética: cambia lo que usted dice, lo que anota y lo que cuenta como éxito.

2. Antes de empezar

A quién se dirige este programa

Este texto se dirige a psicólogos, psiquiatras, psicoterapeutas y enfermeros de salud mental formados en terapia cognitivo-conductual. Supone que usted sabe conducir una entrevista diagnóstica, detectar un riesgo suicida y reconocer cuándo una persona necesita otro tratamiento.

No se dirige a los pacientes. El texto contiene indicaciones sobre lo que no hay que decir, sobre los errores que hacen fracasar una sesión y sobre lo que se observa cuando un tratamiento no funciona. Entregado directamente a una persona afectada, produciría más inquietud que ayuda.

Lo que este programa no es

No es un protocolo de investigación. Las sesiones descritas siguen la lógica del modelo de Clark y Wells y el orden de los ensayos que lo han validado, pero no reproducen palabra por palabra un manual de estudio. Usted conserva la libertad de quedarse dos sesiones en un punto que se resiste.

No es un tratamiento de la ansiedad social del niño ni del adolescente. El modelo y los instrumentos son distintos, y los datos sobre la implicación de los padres no son transferibles.

No sustituye la supervisión. Tres momentos de este programa exigen soltura: la retroalimentación en vídeo, el abandono de las conductas de seguridad y el trabajo en imaginación sobre los recuerdos precoces. Si nunca ha realizado una retroalimentación en vídeo, hágala supervisar primero.

Cómo utilizarlo

Lea el conjunto antes de la primera sesión. Las secciones 3 a 11 establecen el marco conceptual sin el cual las sesiones se convierten en una serie de ejercicios; las secciones 13 a 26 se releen la víspera de cada sesión.

Cada sesión está descrita según el mismo esquema: el objetivo, el desarrollo paso a paso, lo que usted dice, los errores frecuentes, el material y el criterio de paso a la sesión siguiente. Este último punto merece atención: el programa avanza por adquisición, no por calendario. Una sesión 4 realizada antes de que la atención externa sea sostenible no sirve de nada.

3. El cuadro clínico

Lo que el paciente describe

Rara vez se habla de ansiedad social. Se habla de timidez, de falta de confianza, de un problema de personalidad, a veces de un defecto físico. A menudo se acude por otra cosa: una depresión, un agotamiento laboral, un consumo de alcohol, una dificultad de pareja. La demanda inicial se refiere con frecuencia a la consecuencia, no al trastorno.

Lo que organiza el cuadro es un miedo a la evaluación negativa en situaciones donde se puede ser observado o juzgado. La lista de situaciones es amplia: hablar en una reunión, comer delante de otros, telefonear a la vista de alguien, escribir bajo miradas, entrar en una sala donde se le espera, cruzarse con una vecina en el rellano, sostener una mirada, expresar un desacuerdo, recibir un elogio.

Tres elementos distinguen el trastorno de la timidez ordinaria. Primero la intensidad: el miedo es desproporcionado respecto al riesgo real, y el paciente lo sabe, lo cual no cambia nada. Luego el alcance: las situaciones evitadas acaban por dibujar la vida, la elección profesional, la vivienda, la ausencia de vida afectiva. Por último el sufrimiento: el paciente no solo está incómodo, sufre por ello y se lo reprocha.

Lo que ocurre durante la situación

Comprender lo que ocurre en los quince minutos de una reunión es el corazón del trabajo. El modelo de Clark y Wells (1995) describe una secuencia que se cierra sobre sí misma.

La situación activa supuestos sobre uno mismo y sobre los demás. La atención se vuelve entonces hacia dentro: el paciente deja de procesar la situación y empieza a vigilarse. Ya no ve rostros, siente sus mejillas. Esta atención autoenfocada produce una imagen de sí visto desde fuera, construida a partir de sensaciones internas y no de información externa. El paciente siente que le tiemblan las manos y concluye que se ve que le tiemblan las manos, a la escala de lo que siente.

Esta imagen alimenta la ansiedad, que alimenta las sensaciones, que confirman la imagen. Paralelamente, el paciente pone en marcha conductas de seguridad: prepara sus frases, habla bajo, evita los silencios, sujeta el vaso con las dos manos, no aparta los ojos de sus notas, se sienta al fondo de la sala, bebe antes. Estas conductas tienen tres efectos, todos malos. Consumen recursos atencionales y degradan realmente el rendimiento. Impiden la refutación, porque el paciente atribuye la ausencia de catástrofe a su precaución. Y algunas producen inmediatamente lo que pretenden ocultar: apretar un vaso hace temblar la mano, contener la respiración hace enrojecer.

Lo que ocurre antes y después

Dos procesos enmarcan la situación y la agravan.

Antes, la anticipación. El paciente repasa la situación en su cabeza, imagina lo que puede ir mal, recupera recuerdos de fracasos. Este procesamiento anticipatorio le hace entrar en la situación ya alarmado, con una imagen de sí ya negativa, y a veces conduce a la cancelación.

Después, la rumiación posterior. El paciente reproduce la escena, retiene los momentos incómodos, se condena. Este repaso mental transforma una situación neutra en prueba de fracaso y alimenta la anticipación de la siguiente. Es por él por lo que el trastorno se mantiene incluso cuando las situaciones transcurren objetivamente bien.

Epidemiología, en dos cifras útiles

La prevalencia a lo largo de la vida se sitúa en torno al 4 al 13 % según los estudios y las definiciones, con estimaciones más altas en América del Norte que en Asia oriental (Stein y Stein, 2008; Kessler et al., 2005). El inicio es precoz: la mediana se sitúa en la adolescencia, a menudo antes de los quince años, lo que explica que muchos pacientes no recuerden ninguna vida sin este trastorno y lo tomen por un rasgo de carácter.

La demora hasta la primera consulta es larga, con frecuencia más de diez años. Esta cifra tiene una consecuencia clínica inmediata: la persona que acude a usted ha construido casi siempre toda una vida alrededor de la evitación, y el tratamiento exigirá deshacer arreglos antiguos, no solo enfrentarse a un miedo.

4. El modelo que guía este programa

Por qué este

Dos modelos cognitivos dominan la literatura: el de Clark y Wells (1995) y el de Rapee y Heimberg (1997). Se solapan ampliamente. Aquí se ha elegido el primero porque el protocolo individual derivado de él presenta los tamaños de efecto más elevados en las comparaciones directas, incluso frente a la exposición con relajación aplicada y frente a la fluoxetina (Clark et al., 2003), así como frente a la terapia de grupo (Stangier et al., 2003; Stangier et al., 2011).

NICE (2013) recomienda como primera línea una terapia cognitivo-conductual individual basada en el modelo de Clark y Wells o en el de Heimberg. Especifica una duración: catorce sesiones de 90 minutos a lo largo de unos cuatro meses. No es una cifra arbitraria: es la dosis estudiada.

Las cinco palancas

El modelo designa cinco puntos de acción. Todo el programa se deduce de ellos, y cada sesión debe poder relacionarse con uno.

La atención autoenfocada. El paciente debe aprender a dirigir su atención hacia fuera, hacia la tarea y hacia los interlocutores. No es una distracción: es la condición para que la información refutadora llegue a estar disponible.

Las conductas de seguridad. Deben identificarse una a una y luego abandonarse en el marco de experimentos, para que el paciente constate que la catástrofe no ocurre y que su rendimiento mejora.

La imagen de sí mismo. Debe corregirse mediante una información externa: la retroalimentación en vídeo es la herramienta más eficaz para ello, siempre que se prepare según un procedimiento preciso.

La anticipación y la rumiación. Deben identificarse, nombrarse e interrumpirse voluntariamente.

Los supuestos y las reglas. Se abordan al final del programa, cuando el paciente dispone de datos nuevos que oponerles.

Lo que el modelo obliga a no hacer

El modelo vuelve inútiles o contraproducentes ciertas prácticas habituales.

El entrenamiento en habilidades sociales no está indicado de forma rutinaria. La mayoría de los pacientes tiene las habilidades; lo que degrada su rendimiento son la atención autoenfocada y las conductas de seguridad. Proponerlo de entrada valida la idea de un déficit y refuerza el trastorno. Solo se justifica ante un déficit demostrado, observado y no simplemente referido.

La relajación no está indicada como técnica central. Se convierte fácilmente en una conducta de seguridad más y dirige la atención hacia las sensaciones internas, es decir, exactamente donde no hay que dirigirla.

La exposición prolongada y repetida sin trabajo cognitivo da peores resultados. Deja intactas la imagen de sí mismo y las atribuciones a la seguridad.

5. Los criterios del DSM-5-TR, reformulados

Los criterios que siguen son una reformulación con nuestras propias palabras, a título de recordatorio. No sustituyen al manual: para el texto literal y las notas de aplicación, consulte el DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022).

El trastorno de ansiedad social supone la reunión de los elementos siguientes.

Un miedo marcado a una o varias situaciones sociales en las que la persona está expuesta a la mirada de otros, con el temor de ser evaluada negativamente: parecer ansiosa, ridícula, incompetente, o resultar ofensiva.

Un miedo casi constante en esas situaciones: provocan ansiedad casi siempre.

Evitación, o confrontación con un malestar marcado.

Una desproporción entre el miedo y el riesgo social real, apreciada teniendo en cuenta el contexto cultural.

Una duración de al menos seis meses.

Un impacto clínicamente significativo: sufrimiento o limitación del funcionamiento social, laboral o personal.

La exclusión de otras causas: efecto de una sustancia o de una afección médica, otro trastorno mental que lo explique mejor, o vínculo con una enfermedad o particularidad visible —tartamudez, cicatriz, enfermedad de Parkinson—, en cuyo caso el miedo no debe relacionarse exclusivamente con ella o debe ser excesivo respecto a ella.

Existe una especificación: «solo en situación de actuación», cuando el miedo se limita a las situaciones de hablar o actuar en público. Esta forma exige un tratamiento en parte distinto, señalado en la sección 28.

Lo que estos criterios no dicen y que usted debe evaluar

Los criterios no jerarquizan las situaciones. Establezca la lista completa, situación por situación, con el grado de evitación: es el material del programa.

No dicen nada de la atención ni de las conductas de seguridad, que son sin embargo los objetivos del tratamiento. Una evaluación que se detiene en el diagnóstico no le deja nada con lo que trabajar.


Este programa está reservado a los profesionales

Se dirige a los profesionales de la salud mental y exige una verificación del título y luego una suscripción profesional.

Preguntas frecuentes

¿Hay que grabar realmente?

Sí, y es probablemente el elemento menos sustituible del programa. La discrepancia entre imagen sentida e imagen vista no se demuestra con palabras. Si el paciente se niega, no ceda de inmediato: la negativa se refiere casi siempre a la idea de verse, no al procedimiento. Explique el desarrollo, ofrezca empezar sin sonido, ofrezca ver solo treinta segundos. La negativa rara vez persiste más allá de la sesión 4.

¿Qué hago si solo tengo 50 minutos por sesión?

El programa pierde eficacia, y hay que decirlo. Dos adaptaciones son posibles: doblar las sesiones 3, 4 y 6 en dos citas consecutivas, o alargar el total a dieciocho sesiones de 50 minutos. Lo que no funciona es mantener catorce sesiones de 50 minutos con el mismo contenido: los experimentos conductuales son los primeros en desaparecer, y son ellos los que actúan.

El paciente quiere medicación. ¿Qué respondo?

Que los inhibidores de la recaptación de serotonina son eficaces, que la terapia lo es al menos igual y que sus efectos se mantienen mejor después de la interrupción, y que la combinación no ha mostrado una superioridad clara. Si ya toma un medicamento, se mantiene. Si quiere empezar uno, nada lo impide, con la excepción de las benzodiacepinas.

¿Cuánto tarda en moverse algo?

El experimento de la sesión 3 produce a menudo un cambio de convicción inmediato, y la retroalimentación en vídeo de la sesión 4 otro. Las medidas se mueven más tarde: espere a la sesión 7 para juzgar.

¿Se puede hacer este programa en grupo?

Sí, y sigue siendo eficaz, pero menos que el individual en las comparaciones directas (Stangier et al., 2003). Dos elementos sufren en grupo: la formulación individualizada y la retroalimentación en vídeo. Si solo dispone del grupo, conserve al menos dos sesiones individuales para esos dos momentos.

¿Y si hay realmente un déficit de habilidades sociales?

Existe, pero es raro, y se constata por observación directa, no por declaración. En ese caso, un entrenamiento específico se justifica, pero después del trabajo sobre la atención y las precauciones, nunca antes. Propuesto de entrada, confirma que el problema es exactamente lo que el paciente cree.

El paciente enrojece realmente mucho. ¿Cambia algo eso?

El programa sigue siendo el mismo, y las encuestas de la sesión 7 son especialmente útiles: lo que la gente piensa de alguien que enrojece es casi siempre más benévolo de lo que se supone. Evite tratar el rubor como un síntoma que hay que suprimir; lo que se trata es su significado.

¿Hay que implicar a la pareja o a la familia?

El protocolo no lo prevé y faltan datos. En la práctica, una sesión de información para la pareja es a veces útil, sobre todo cuando facilita de buena fe las evitaciones: hablando en su lugar, haciendo las llamadas. En ese caso el mensaje es simple: dejar de ayudar.

¿Cuántos pacientes mejoran?

En los ensayos sobre el modelo de Clark y Wells, la mayoría de los pacientes tratados ya no cumple los criterios diagnósticos al final, y las ganancias se mantienen en el seguimiento. Las cifras exactas varían según los ensayos y los umbrales elegidos; anuncie una mejoría marcada como resultado más probable, sin prometer una desaparición.

El paciente trabaja en casa y casi no tiene situaciones sociales. ¿Qué hacer?

Se ha vuelto frecuente y es una trampa: la ausencia de situaciones se parece a una mejoría. Dos consecuencias prácticas. Primero, hay que construir las situaciones en lugar de esperarlas: un curso nocturno, una asociación, una actividad que imponga interacciones no elegidas. Segundo, las situaciones a distancia tienen sus propias conductas de seguridad, que se tratan como el resto: cámara apagada, micrófono silenciado por defecto, mensajes escritos en lugar de llamadas, frases reescritas diez veces. La videoconferencia es además un excelente terreno para la retroalimentación en vídeo, ya que la grabación es trivial —con la reserva del consentimiento descrito en la sección 12.

¿Se trata la ansiedad social antes o después de una adicción?

Depende de la gravedad y de la función. Un consumo de alcohol leve, claramente al servicio de la evitación social, se trata dentro del programa: se convierte en una de las conductas de seguridad que hay que abandonar, y a menudo funciona bien. Una dependencia establecida se trata antes o conjuntamente, con el dispositivo especializado adecuado. La regla simple: si el paciente no puede atravesar una situación social sin beber, el programa no puede empezar, porque ningún experimento será interpretable.

Hay un signo visible real: tartamudez, temblor, sudoración intensa.

El DSM-5-TR prevé este caso: el miedo no debe relacionarse exclusivamente con esa condición, o debe ser excesivo respecto a ella. En la práctica, el programa se aplica, con dos adaptaciones. Las encuestas se refieren a lo que la gente piensa realmente de una tartamudez o de una sudoración, y las respuestas son a menudo mucho menos duras de lo previsto. Y los experimentos no buscan ocultar el signo, sino verificar lo que produce cuando no se oculta. Un tratamiento médico del signo, cuando existe, se lleva en paralelo y sin aplazarlo.

¿Puedo entregar este programa a mi paciente?

No. Está escrito para usted y contiene lo que no hay que decir. Entréguele las siete fichas de la sección 30: están hechas para eso.

Las fichas para descargar

Los ejercicios de este programa, en PDF para imprimir. Reservados a los miembros.

Ver las fórmulasLas fichas para imprimir están incluidas en el acceso.
  1. 01Mis situacionesRellenar al principio, y revisar hacia el final del seguimiento.
  2. 02Lo que ocurre en la situaciónRellenar con la persona que le atiende, y releer después a menudo.
  3. 03Lo que predigo, lo que ocurreLa ficha principal. Fotocópiela: una por situación.
  4. 04Atención hacia fueraTres veces al día, durante una semana.
  5. 05La encuestaPara saber lo que la gente piensa realmente.
  6. 06Antes y despuésLo que hago en la hora anterior y en la noche siguiente.
  7. 07Mi planPara escribirlo usted mismo, en la última sesión.

Todas las fichas en un solo archivo, con índice.

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